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¡Malditos Críticos!
¡Malditos Críticos!

Tipología del diletante

Un artículo de Redacción || 27 / 1 / 2009

Incomprendidos por lectores que creyeron debían tomarlos como guía, odiados por directores y creativos a quienes dieron (o no) su merecido, queridos solo por aquellos a los que por sospechosos motivos bendijeron con sus comentarios. Los críticos de cine son una rara avis que ha pasado de ocupar secciones residuales de periódicos y revistas especializadas, a colapsar internet porque, ya lo decía Truffaut, todos tenemos dos profesiones, la nuestra, y la de crítico de cine.

Mal le irán las cosas a quien confíe ciegamente en la opinión de un crítico de cine. Es algo que el lector seguramente tendrá presente, y a pesar de todo seguro que se lo plantea más de una vez antes de pasar por taquilla (en el caso de que siga haciéndolo y no haya sucumbido al DivX, pero eso ya es otra historia). En algunas ocasiones sí pueden funcionar como gurús de la cartelera, cuando el lector ha comprobado reiteradamente gustos similares con un crítico concreto, pero aún así difícilmente se mantendrá regularmente la coincidencia y la función crítica quedará por tanto limitada a la de un entretenimiento derivado de otra obra, la película, pero que autónomamente debe servir como lectura a la vez que aporta un punto de vista y algo de conocimiento sobre la producción y/o sus autores.

Lo habitual es que las perspectivas de crítico y espectador sean alejadas por cuanto al crítico se le supone un bagaje fílmico, una cantidad de películas vistas, que se convierte a su vez en lastre a la hora de orientar a quién acude con mucha menor regularidad al cine y por tanto no todo le suena a vulgar y a mil veces visto, y no le pueden llenar obras exóticas por el solo hecho de diferenciarse del resto. Al menos esto sucedía con el crítico tradicional...
Pero con ello ya nos estamos metiendo en la identificación de algunas de las clases existentes, con la vieja escuela, cuando en los últimos tiempos han crecido exponencialmente (hay quien dice que los blogs han convertido a la red en una entropía de estupidez que lucha inútilmente con el sexo) y por tanto internet ha sacado al exterior el crítico que todos llevaban dentro (y por el camino, algunas otras de sus características).

Lejos de demonizar el fenómeno, y sin considerarnos libres de pecado por mucho que tratemos de evitar algunas de las conductas descritas (y por mucho que a lo largo de los años hayamos intentado fomentar redactores equilibrados) esta queda como una identificación de críticos que puede resultar útil al lector... y en el caso probable de que ya se sienta crítico, orientarle en cuanto a qué filas engrosar.

Ilustraciones: Samu y Beleita

El natural


Llegó a la crítica cuando abrir un blog costaba menos de cinco minutos (tras infructuosos intentos en las fases en que costaba quince y diez). Sus comentarios podrían ser recogidos de entre las frases que se intercambian a la salida del cine los espectadores que un viernes por la noche han acudido a la proyección como fase previa a una cena o a la cita en un bar de copas (lo suyo no es la literatura). Excesivamente dado a cargar con énfasis y sin justificación a favor o en contra de algún aspecto irrelevante y a realizar comparaciones de vocación creativa (“más larga que el piropo de un tartamudo”, “más pesada que una vaca en brazos”) su querencia por las frases hechas echa en falta sin embargo uno o varios puntos de gracia para encontrar verdadero sentido. Ni en la forma ni en el fondo supone una gran aportación, pero Google te inunda de ellos cuando buscas información de alguna película.

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